BRUCE SPRINGSTEEN/HIGH HOPES


por Daniel Pollini

 

El decimoctavo de Springsteen en estudio. Una docena, algunas flamantes, otras regeneradas y una terna de versiones bien logradas, entre ellas la que da nombre al disco.

Un álbum con “cierta modernidad”, donde la rutina folk y la sonoridad soul que caracterizan a Springsteen es ensamblada con las piruetas que Morello realiza sobre el mástil. Para este cronista, un acierto la injerencia del guitarrista de Rage Against The Machine en esta obra, para los puristas, una herejía.

La influencia de Tom Morello en el disco es transcendental, su sonido, impar e inconfundible, adereza la mitad de las canciones. La cercanía a Springsteen resulta lógica; el pensamiento político, la observación de los abusos del poder, los hermana. Más allá de las coincidencias ideológicas, imperó la necesidad que tenía el músico de Nueva Jersey de obtener un sonido que revitalizara su espacio de confort y lo mantuviera efectivo a la hora de emocionar y arengar al público en grandes salas y estadios, sin dudas el originario de Harlem le aportó mucho en ese aspecto.

HIGH HOPES, una de las aplaudidas de Tim Scott McConnell, el creador del blues gótico. Springsteen ya coqueteaba con ella en 1996, 18 años después terminó dándole nombre a este álbum.

HARRY'S PLACE es una de las que en 2002 quedó afuera de “Rising”. Emotiva, la recuperación del archivo hace sonar nuevamente a la E Street Band como en sus años de gloria. La magia del teclado de Danny Federici (1950-2008) y del saxo de Clarence Clemons (1942-2011), renacen durante los 4 minutos que las ondas del sonido se propagan en el aire.

AMERICAN SKIN (41 SHOTS) merece un capítulo aparte. Está inspirada en Amadou Diallo, el joven inmigrante masacrado con 41 descargas realizadas por la policía de Nueva York… los agentes quedaron libres de toda culpa. Diallo en el momento de recibir los disparos estaba desarmado.

DOWN IN THE HOLE es uno de los momentos sensibleros del álbum, en donde a pesar de repetir una vieja fórmula, que “The Boss” sabe efectiva y nosotros conocemos, no deja de emocionarnos, más aún cuando caemos en la cuenta de que las voces que se encargan de los coros son las de sus hijos: Evan, Jessica y Samuel.

Un álbum comparable en cuantiosos aspectos al consagratorio “Born in the USA”, logrado en parte, una vez más, por el acompañamiento efectivo de la E Street Band, un romance iniciado entre ambos en 1973 cuando Springsteen debutó discográficamente. Un disco en el que a pesar de que en un par de ocasiones nos hace sentir que el ego de Morello atenta contra la armonía, la simbiosis entre ambos artistas abunda en exquisiteces.

 

 

 

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