BOLSONARO SE IMPUSO CON UNA AMPLIA DIFERENCIA


 

 

Un político autoritario, racista, machista, homófobo, adorador de la dictadura que sumió a Brasil en una de sus épocas más oscuras durante 20 años. Jair Messias Bolsonaro, el defensor de los valores más retrógrados, acaricia la presidencia del país sudamericano. Con el 98% de los votos escrutados, el líder de extrema derecha obtuvo el 46,3% de los votos, contra el 28,8% de Fernando Haddad, el candidato designado por Lula.

Solo un vuelco radical, el 28 de octubre, evitará que la extrema derecha gobierne a partir del 1 de enero el país más grande de América Latina.

Brasil encara ahora tres semanas decisivas, sumido en una polarización que obligará a los dos aspirantes a convencer a los electores de que opten por lo que han rechazado hasta ahora. Los próximos días también obligaran al resto de los políticos y partidos a posicionarse. El silencio se interpretará como un apoyo tácito al proyecto del ultraconservador.

Ciro Gomes, tercero con el 12% de los votos, ha mostrado su rechazo a Bolsonaro y ha asegurado que apoyará a Haddad. Sin embargo a Bolsonaro lo favorece que los últimos días de la campaña, cuando la intención de voto del ultraderechista se disparó, la Bolsa comenzó a cerrar en alza, varios diputados hasta entonces indecisos le manifestaron su apoyo y los evangélicos lo ungieron como su favorito.

El claro triunfo de Bolsonaro en primera vuelta deja también múltiples derrotas. La sacudida que ha sufrido el Partido de los Trabajadores es asombrosa. La sombra de Lula, el político más carismático de la historia del país y protagonista de la caída en desgracia más sonada de su historia reciente, ha resultado ser un elemento tóxico. Cuando no le quedaron más opciones que renunciar a su candidatura, a principios de septiembre, por estar condenado en la segunda instancia por corrupción y en la cárcel desde abril, su candidatura imposible contaba con un 39% de los apoyos. Nadie lograba superarlo.

Lula, sin opciones acabó designando a Fernando Haddad como su sucesor, pero fue en vano. Los brasileños han demostrado que estaban dispuesto a votar por él, no por otro que se presenta bajo las siglas de un partido marcado por la corrupción y desgastado entre la clase media y las más desfavorecidas, las mismas que les dieron el poder 13 de los últimos 15 años.

 

 

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