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23 Septiembre 2018

Martín Bossi, el impostor apasionado

Este fin de semana el Broadway nuevamente recibió a Martín Bossi con su renovado espectáculo, el cual a primera vista pareciera haberse llevado la victoria ya que las entradas estaban agotadas desde hace semanas y el público se mostró satisfecho al final del show.

 

A treinta minutos del horario establecido las luces finalmente se apagaron, mientras la orquesto comienza a implantar el compás de las próximas dos horas, Riky Martin sale al escenario en vuelto en coreografías muy bien realizadas pero sin lo necesario para acaparar el público por completo.
Cacho Castaña definitivamente cumple un rol muy importante pues con el se genera por primera vez la calida sensación de goce entre el publico y Bossi. Sin un parecido concreto pero con una interpretación casi perfecta logra la risa colectiva jugando con el estereotipo del macho Argentino, luego nuevamente las transiciones de juegos musicales, y esporádicas participaciones de las bailarinas que van apareciendo durante todo el espectáculo, hasta llegar al siguiente personaje, Sabina.
Antes de que Martín comience a jugar con el español los últimos retoques del personaje se los hace sentado a un costado del escenario frente a un espejo donde hace una especie de monologo que pasa por distintos personajes, pudiéndose percibir por momentos al actor sin mascara ni teatralizacion.
La particularidad de Joaquín Sabina, al margen del musical y alguna que otra opinión, quizás sea la inclusión de Fito Páez, ya que las cuestiones que nada tienen que ver con el espectáculo hizo que el publico se mostrase confuso con la interpretación del cantante, no porque halla tenido alguna carga ideológica si no mas bien por los típicos fantasmas de aquellos que no logran separar.
A medida que pasa el tiempo la participación de Manuel Wirtz interpretando a un maestro de teatro con puro talento se comienza a volver interesante, ya que es un pilar fuerte en la estructura de lo que se lleva a cabo sobre el escenario.
Ya con el teatro compenetrado en lo que pasa sobre escenario llega el turno de Andrés Calamaro haciendo mi enfermedad y jugando efectivamente con el público, para luego mutar a Charly y terminar interactuando entre las butacas con la gente. El maestro talentoso, como cada intervalo, pone momentáneamente fin a la risa para intentar sembrar algún tipo de mensaje, lo cual logra por momentos la sensación de dos espectáculos en simultáneos.
Por ultimo, en unos de los diálogos entre Manuel y Martín, el maestro somete al actor a su ultima interpretación sin mascaras ni disfraz. Ante la negación y la falta de confianza el maestro le recuerda que en el mundo del "No Puedo" solo existen las ratas y los cobardes.
Aparentemente con miedo y quizás con ganas de temblar, Martín Bossi interpreta a Sandro haciendo el maniquí dejando en claro que esta vez no quería parecerse a quien interpretaba si no que mas bien lo estaba usando para expresar algo que solo el sabrá que era y quien iba dirigido.
El espectáculo resulta agradable y por momentos tiene una mezcla de entretenimiento y mensaje, sin embargo en más de una ocasión le falta contundencia, y se generan muchos puntos neutros a causa de intervenciones que poco aportan al show en si.
Al finalizar Martín Bossi, como lo hace sutilmente durante el espectáculo, de desvive en agradecimientos y la gente se pone de pie para hacerle sentir su conformidad. Pues en esta ocasión el artista tienen esa pequeña gran particularidad que te atrae por el talento pero también por lo que es.

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