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26 Julio 2017

POR EL BORDE-EL REGRESO DEL COELACANTO.


 Por Daniel Pollini

 

Uno de los días en los que mediaba noviembre al llegar a la radio me encontré con el sobre que habitualmente me deja Maia Rizza en la recepción. Hasta que no rompo el envoltorio nunca sé de qué se trata. La intriga mutó a festejo cuando descubrí que en un arte de tapa muy discreto se leía “por el borde-el regreso del coelacanto”.

Lo último que habían editado, y que me entregó Andrés, el cantante, después de una entrevista en el estudio, data de 2010, “De madera”, el audio de un show de 2008 en el CEC, registrado con el toque distinguido que le aportaron el “negro” Ojeda y Guille Palena, dos tipos que se cansaron de demostrar que la tienen clara a la hora de hacer sonar bien a los músicos.

 

“POR EL BORDE-EL REGRESO DEL COELACANTO”.

Debo aclarar de antemano que no es fácil ponerle oreja al trabajo de una banda que conozco desde sus primeros demos. Se mezclan los afectos, se reviven las anécdotas. Juego con ventajas, por momentos están despojados ante mí, conozco cada uno de los temas de su discografía, los vi decenas de veces, produje algunos de sus shows, conozco detalles internos de la banda, una serie de cuestiones que sin dudas pesan a la hora de contar qué me parece el disco. 

 

 

No advertí grandes cambios en el primer impacto, y eso juega a favor de la banda. Dani Pérez fue cuidadoso a la hora de imponer sus preferencias. En la segunda escucha noté que Abramowsky por momentos cantó como nunca antes lo había hecho. También me costó asumir que las guitarras en un par de canciones alteraron la química que el acordeón y el violín históricamente le han aportado a la banda, pero finalmente me resigné. Con las pasadas el disco va mostrando otras texturas, una gran diferencia en las sensaciones si lo comparo con “Bailen Giles”, su anterior trabajo en estudio, donde todo transcurre muy rápido.

 

El disco abre como siempre, algo a lo que ya nos tienen acostumbrados. El viejo Coela haciendo de lo suyo, eso que tanto disfrutamos y aplaudimos. En los 3:07 que dura  “Cuando estás en los huracanes” van desfilando todos los instrumentos. Los cuidados arreglos son parte del esfuerzo del productor y de la banda por dejar claro desde el comienzo que estamos frente a un disco de canciones, un disco en el que abunda la música.

“El artista portátil” es un desfile de maravillas, te pone arriba, enciende la mecha. Sin embargo por momentos se rebalsa de guitarras, hago la aclaración porque a esta altura entiendo que los excesos nunca son buenos.

El Polaco aparece emulando a Palo Pandolfo y cuando estoy a punto de hacer una mueca de desaprobación escucho cómo gradualmente mutan a un funk, destino hacia el que finalmente arriba “Decantación”. La mano Pérez es sumamente perceptible en el resultado final del tema.

“Me vuelvo loco”… me pasé, lo doy por hecho, cuando me puse de peluca aquel helecho.

“La Playa” es uno de esos momentos que al escuchar los discos simplifican mi tarea… es una hermosa canción… hermosa.

“Ettore Scola” es de alta escuela, un momento demasiado inspirado para un mundo que “consume” cotidianamente toneladas de grasas trans. La voz de Federico le aporta el dramatismo preciso que requiere la interpretación. El recitado final del clásico de  Nebbia/Ramsés, por algún motivo que no logro desentrañar,  me remonta a la versión que abre el solista de Peralta de 1984.

“Basta de avisarme que me caigo” es uno de los momentos particularmente destacables del álbum. Subjetivo, insolente, registrarlo en este contexto de diferencias notables suena a tomar partido. Lleva la firma de Abramowsky, cantante, guitarrista y también periodista. No puedo hacerme el distraído y dejar pasar por alto que el medio en el que Andrés trabaja le resta mérito a la proclama.

En “Despacio” escucho arreglos cercanos a lo progresivo, cosas a las que mi oreja está acostumbrada porque tengo escuela hecha con los profesores Lee, Lifeson y Peart, sin embargo por momentos aparecen Stuka y Pil y patean el tablero.

“Piñata” me emociona. Lo escuché mil veces, lo disfruté mil veces. “Armonizando” deja claro que la banda entiende de qué se trata el juego que está jugando. Y finalmente “Paralelas” el cierre de tres seguidas que llevan el gancho de Alabern… capo Huevo.

En el Calamaresco “No es para tanto” me pasa lo mismo que con “El artista portátil”,  otra vez se envalentonan demasiados las guitarras.

Cuando termina “A robar” siempre me quedo esperando un track oculto. Pero hasta ahora nunca apareció.

 

Más allá de algunos cambios en la formación, el Teto, Huevo, el Polaco y Nahuel siempre fueron parte estable de la banda, más de 20 años juntos en salas de ensayos, estudios de grabación y sobre los escenarios, un extenso recorrido en el que juntaron la experiencia suficiente para moverse claramente por el borde, sin necesariamente considerarlo una orilla o un extremo.

En la tapa y en el resto del diseño gráfico hay más de un borde. Se ven otras orillas, fiel reflejo visual de lo que acontece en la obra, lo que siempre hicieron, nunca dejaron de buscar por otros lados, pero sin perder “esa estética”, complicada de definir, que se materializa en “esa sustancia” que los hace claramente identificables y geniales.

 

 

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